viernes, 11 de diciembre de 2015

Nunca supe juzgar un libro por su portada.
Nunca supe confiar, ni querer, ni soñar.
Nunca supe empezar los poemas que te dedicaba.

Nunca supe explicarle a la almohada tus besos, ni nada.
Pero quise darte mi vida, y me costó el mañana.
Y sin más, la crónica más triste de una muerte anunciada:
Tú venías perdida, y yo con la locura enamorada.
Y mientras nos busábamos, la luz apagada.
Tus manos, las mías, y en vilo el alma.

Pero el sueño se acaba.
                                               Despierto…
Y las sábanas están drogadas.
Tu perfume se cuela en mis adentros
y ese olor, ese fuego…
                                               Te echo de menos…

Pero no puedo sujetar más el peso del cielo
ni bajarte la luna a jugar con tu pelo.
Demasiado peso para unos brazos
que de abrazarte tan fuerte se rompieron.
Demasiado peso…
Para un corazón que aprendió a quererte,
Que te quiso y que te quiere,
que lucha contra la razón…

Y será tu amor o su muerte.