domingo, 15 de noviembre de 2015

Me perdí
por correr por los tejados
sin dirección, ni rumbo.
Sin cuidado de no tropezar,
porque sinceramente,
caer me da igual.
Las cornisas y las tejas,
mi escenario para bailar,
siempre bajo las estrellas
que siempre me miran mal.
Por sucio, por idiota, por ruidoso.
Por gritale al infinito
que me estoy volviendo loco.

Y cuando amanece
las estrellas se van
entre aplausos silenciosos.
La función toca su final
y los oscuros pensamientos de este loco
van muriendo poco a poco.
Con el sol.
                 Y a codazos
se abren paso los puñales,
por la espalda. A raudales
la sangre corre por los brazos,
hasta aquellas manos
que huyeron tras el portazo.

Aquel portazo
que tanto me sobresaltó.
Que me tiró de la cama
y me rompió en pedazos
en aquella puta mañana
que se terminó el amor.

Desde entonces sólo fumo
para olvidar el dolor.
Desde entonces sólo bebo
buscando en algún rincón
esa fuerza que no tengo
pa’ curarme el corazón.



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ahora necesito una bombilla
donde antes me gustaba apagar la luz.
Y necesito un par de mantas
porque en mi cama el calor eras tú.
Necesito respirar, el aire está podrido
del humo que fumo si no estás conmigo.


Y mendigo limosnas de amor
a escondidas del sol, en las noches en vela.
Y los besos y abrazos que doy,
los polvos dueños del alcohol
despegan la venda y mi herida está abierta.
De nuevo.
Porque… cómo olvidar tu fuego…
Y el abismo que hay hoy
entre tu cuerpo y mi cuerpo.


Los porros no curan, tampoco los besos…
Ni los de mujer, ni los de un vaso lleno
de aquella poción que tomábamos
en las noches frías de invierno.
De aquel zumo de la risa,
y del amor que juraste eterno.


Y ahora los tragos amargan.
No sólo la boca, también el alma.
Porque te has ido,
y ya no bebo contigo.
Porque sólo quiero que el alcohol
desinfecte los cortes de navaja
de este corazón rajado y malherido.




sábado, 7 de noviembre de 2015

Ya se han callaron las campanas.
Las farolas se apagaron al rugido de mi voz.
Y en la media noche oscura
supuran los restos de mi triste corazón.

Mi garganta se ha rajado con la navaja de tu nombre,
de gritarte al cielo, de suplicarle cada noche
que pare el mundo que yo me bajo,
que ya no soy capaz de arrastrarme en el barro.
Y agarro la soga que llega colgando,
porque a un clavo ardiendo me agarraría.
Quisiera soñar que la soga es tu mano,
y que agarras la mía
y volamos más alto, más juntos que nadie
destruyendo las dudas y miedos.
                                                               Y el aire
que despeina nuestras miradas
lo está deseando, se muere de ganas
de quitarte la ropa y acariciarte el alma.

….

Pero el mundo real me recibe a porrazos.
Hay sangre en la herida, hay ruina en las manos.
Las mías.
que se lamentan por haberte perdido,
por todo lo que no te han acariciado.
Ahora solo pueden simples copistas
de un corazón roto que llora versos malos,
tallando en un papel con tinta, las poesías
que te escribo cada vez que te extraño.