Me perdí
por correr por los tejados
sin dirección, ni rumbo.
Sin cuidado de no tropezar,
porque sinceramente,
caer me da igual.
Las cornisas y las tejas,
mi escenario para bailar,
siempre bajo las estrellas
que siempre me miran mal.
Por sucio, por idiota, por ruidoso.
Por gritale al infinito
que me estoy volviendo loco.
Y cuando amanece
las estrellas se van
entre aplausos silenciosos.
La función toca su final
y los oscuros pensamientos de este loco
van muriendo poco a poco.
Con el sol.
Y a codazos
se abren paso los puñales,
por la espalda. A raudales
la sangre corre por los brazos,
hasta aquellas manos
que huyeron tras el portazo.
Aquel portazo
que tanto me sobresaltó.
Que me tiró de la cama
y me rompió en pedazos
en aquella puta mañana
que se terminó el amor.
Desde entonces sólo fumo
para olvidar el dolor.
Desde entonces sólo bebo
buscando en algún rincón
esa fuerza que no tengo
pa’ curarme el corazón.