Nunca supe juzgar un libro por su portada.
Nunca supe confiar, ni querer, ni soñar.
Nunca supe empezar los poemas que te dedicaba.
Nunca supe explicarle a la almohada tus besos, ni nada.
Pero quise darte mi vida, y me costó el mañana.
Y sin más, la crónica más triste de una muerte anunciada:
Tú venías perdida, y yo con la locura enamorada.
Y mientras nos busábamos, la luz apagada.
Tus manos, las mías, y en vilo el alma.
Pero el sueño se acaba.
Despierto…
Y las sábanas están drogadas.
Tu perfume se cuela en mis adentros
y ese olor, ese fuego…
Te
echo de menos…
Pero no puedo sujetar más el peso del cielo
ni bajarte la luna a jugar con tu pelo.
Demasiado peso para unos brazos
que de abrazarte tan fuerte se rompieron.
Demasiado peso…
Para un corazón que aprendió a quererte,
Que te quiso y que te quiere,
que lucha contra la razón…
Y será tu amor o su muerte.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarIntento cambiar de sonrisa
Eliminarlo intento y me doy cuenta
de que tengo más prisa
por olvidarte
que por encontrarme de nuevo.
Y me muevo yo, y muevo ficha.
Se borraron las casillas de este tablero
que de tanto jugar hicimos trizas.
Perdí.
Perdí en tu juego y perdí la cabeza.
Perdí los papeles y te perdí, princesa.
Perdí los nervios y perdí mi estrella
y ahora no veo el camino ente tantas hojas secas
Espérame en las sombras... pero espérame.
Espérame que estoy perdido
ente el silencio y el ruido
de tu ausencia al pasar.
Que no me encuentro en este río
que sube hacia la montaña el agua del mar.
Demasiados colores a estas alturas,
demasiado gris, demasiado negro.
Echo demasiado de menos los colores de tu pelo.
Pero es que no lo entiendo,
No sé cómo hacerlo.
Por más que lo intento te echo de menos.
Nunca supe poner fin a nuestra historia,
No encontraba el punto final.
Y tras el punto y a parte había otra parte
en que mis sábanas olían a otros perfumes,
otros cabellos enredaban mis dedos,
y había demasiadas musas revoloteando en el techo.
Pero no puedo evitar sentirme vacío, maltrecho,
herido, salvajemente hambriento...
Porque nada nunca me llenó como tus besos,
Y porque nada nunca me curó como tu aliento.
Supongo que dolerá menos con el tiempo
Sentir en mi piel otros cuerpos y saber
Que no volverás a ser tú ese cuerpo.
Nunca quise soltarte la mano,
y sigo esperando que me esperes.
Seguiré buscando en las sombras
por si acaso... algún día vuelves
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarPara ti. Tú ya sabes quién eres...
EliminarOtro día más sin ti, otro 19.
Otra noche de soledad, sin viento que me lleve.
Miro atrás y veo mis pasos a lo largo del camino
pero ya no veo los tuyos caminar junto a los míos.
Y es que nunca quise desistir,
te lo prometo.
Paré un rato para descansar,
buscar entre los restos
de lo que algún día fui sin ser
a ver si me reencuentro,
de lo que algún día fuimos, de lo que algún día seremos.
Queda lejos ya tu voz, tu luz,
tu cielo en el infierno,
desde que algún día tomamos dos caminos paralelos.
Pero no hay un solo día que no te eche de menos
y es que aún te veo en cada esquina de mis pensamientos.
Y te busco, voy corriendo
pero nunca llego a tiempo.
Siempre fue demasiado tarde para volverte a ver soñar entre mis sueños.
Te extraño, es innegable, es evidente, es temerario.
Es masoquista pensarte besando otros labios.
Nunca quise que fuera así,
no voy a negarlo.
Y si algún momento pareció que me rendí,
no era cierto, sólo estaba descansando.
No es que andemos por caminos paralelos,
simplemente, soy más lento.
Algún 19 te alcanzaré...
Y volverás a sentir mi mano en tu pelo,
mi aliento en tu nuca, tus tatus, mis dedos...
Y tu corazón, haciendo pom pom,
Te dirá que ha llegado el momento.
Te quise con toda mi alma... te quise tanto que hoy, mañana y siempre... te quiero
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarHasta que tiremos los muros,
ResponderEliminarhasta que nos reinventemos.
Yo también te echo de menos,
en cada noche que necesito un abrazo,
en cada demolición y cada victoria.
A veces prefiero que me duela tu recuerdo,
que me duela fuerte mejor que olvidarte.
Noches de autodestrucción
con dos peluches a mis lados.
Y a la mañana siguiente vuelvo a sonreír,
vuelvo a querer y vuelvo a soñar.
Aunque casi siempre tú estás ahí.
Mis palabras bonitas ya no son tuyas,
tampoco mis cariños ni mis te quieros,
no enrredo mis dedos en tu pelo,
ni acaricias mis nuevos tatuajes.
Pero te recuerdo, y eso te lo prometo.
Yo también te espero,
por si el momento lo eliges tú y no yo.
Pero te prometo que te abrazaré muy fuerte,
por todo lo que no te estoy abrazando.
Disfruta, quiere, ama...
Pero no esperes que te espere,
nunca he dejado de hacerlo.
Siento de lo que hablas,
entiendo la cura de mi aliento para ti,
pues tu lo fuiste para mi.
Me has soltado la mano,
tu quisiste poner fin a esta guerra,
yo no quise jamás dejar de luchar.
Tú me enseñaste a luchar aunque debí aprender demasiado bien.
Pero en mi pecho sigue sonando un:
pom, pom, pom... Que eres tú.
No dejes de quererme por favor,
algún día te amaré como nunca antes.
3 meses después, mi txikitín.
Eliminar