sábado, 7 de noviembre de 2015

Ya se han callaron las campanas.
Las farolas se apagaron al rugido de mi voz.
Y en la media noche oscura
supuran los restos de mi triste corazón.

Mi garganta se ha rajado con la navaja de tu nombre,
de gritarte al cielo, de suplicarle cada noche
que pare el mundo que yo me bajo,
que ya no soy capaz de arrastrarme en el barro.
Y agarro la soga que llega colgando,
porque a un clavo ardiendo me agarraría.
Quisiera soñar que la soga es tu mano,
y que agarras la mía
y volamos más alto, más juntos que nadie
destruyendo las dudas y miedos.
                                                               Y el aire
que despeina nuestras miradas
lo está deseando, se muere de ganas
de quitarte la ropa y acariciarte el alma.

….

Pero el mundo real me recibe a porrazos.
Hay sangre en la herida, hay ruina en las manos.
Las mías.
que se lamentan por haberte perdido,
por todo lo que no te han acariciado.
Ahora solo pueden simples copistas
de un corazón roto que llora versos malos,
tallando en un papel con tinta, las poesías
que te escribo cada vez que te extraño. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario